mié

27

ago

2014

R de Recesión

Hoy me he enterado de una noticia triste que publicaba Abc. Según ella (podéis consultar la fuente original aquí), la obligación de pagar derechos de autor ha llegado a las bibliotecas, que deberán pagar unos 16 céntimos por cada libro sujeto a derechos de autor que den en préstamo.  Están exentas las bibliotecas de instituciones educativas y aquellas que pertenezcan a una población de menos de 5.000 habitantes, pero el resto deberá destinar parte de los presupuestos a pagar este canon.

 

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Qué queréis que os diga. Por aquí librando una lucha por bajar el tipo del IVA cultural, luchando por fomentar la lectura, porque los niños lean, por publicitar escritores propios y ajenos, creando semanas temáticas para fomentar el préstamo y va la Unión Europea y nos impone una ley que va a ir en contra de cualquier esfuerzo por dar un poco de cultura a este país, de cualquier esfuerzo por luchar contra la piratería de libros. Porque la oportunidad de leer los libros que nos interesan gratuitamente y legalmente va a desaparecer.

 

En mis tiempos mozos, cuando tenía menos cosas que hacer y más tiempo para leer, echaba un viaje a la biblioteca al mes y juntando mi carnet, el de mi hermana y el de mi madre, conseguía llevarme en torno a los diez o quince libros: diez o quince libros que devoraba a ritmo de uno cada dos tardes. Multiplicado por los dieciséis libros que costaría cada libro, estamos hablando de que yo sola le saldría a mi biblioteca por 2 euros al mes.

 

 

Conozco a gente que lee más que yo, y gente que lee menos. Gente que se lleva libros para inculcar a sus niños el gusto por la lectura. Gente que va directa al estante de novedades y gente que lee una y otra vez el mismo libro, llevándoselo tanto en préstamo que parece que ya es un poco suyo. Gente que no puede afrontar el gasto de comprarse libros al ritmo que los lee y para quienes la biblioteca es una gran salvación. Gente que no llega a final de mes para quienes la lectura es la gran puerta de huida a todos sus problemas.  Gente tacaña o que prefiere gastarse su dinero en otras cosas que no sean libros, también. Gente que no quiere arriesgarse a pagar los 25 euros que cuesta el libro de moda y prefiere esperar para ver si los merece. Gente que salta de un género a otro cuando cambia de pasillo, niños que se hacen adultos simplemente con cambiar de habitación, personitas que alcanzan la madurez cuando de repente deciden que les apetece más leer La historiadora que Crepúsculo. O que les gusta Crepúsculo y en la epopeya por buscar entre todas esas filas de libros más sobre vampiros descubren a Anne Rice, a Bram Stoker o incluso a J. R. Ward.. Gente que queda con otra gente para ir juntos a la biblioteca y recomendarse libros. Gente que ha construido su vida en torno a los libros de una bilbioteca, y que ha construido su identidad conforme se llenaban las baldas.

 

Me imagino a mí misma con 15 años y en esta situación. Enganchadísima a una serie que no me puedo permitir (es una de tantas, y los regalos de los cumpleaños no dan para tantos libros) y esperando con ansia que traigan el último tomo a mi biblioteca. Una biblioteca que ahora tiene que pagar de su presupuesto por cada libro que tomo prestado y que  por lo tanto no  le queda apenas dinero para nuevos ejemplares. Una biblioteca que se quedará estancada y que no ofrecerá a sus usuarios lo que están buscando.

 

 

¿Qué queda entonces? ¿Comprar todos los libros que nos puedan interesar? ¿Organizar intercambios de libros rezando porque eso no se convierta también en ilegal? ¿Descargar libros piratas como locos tomando internet como si fuera una gran biblioteca virtual?

 

Quizás estoy siendo pesimista de más. Quizás las bibliotecas impongan su propio impuesto y nos hagan pagar 20 céntimos por cada libro que nos queramos llevar. O quizás vuelvan las multas económicas por cada día de retraso en la fecha de devolución para suplir ese dinero del préstamo. ¿En mi opinión? Esta ley, que entrará en vigor el año próximo, matará poco a poco ese santuario de la lectura que son las bibliotecas.

 

Hasta la semana que viene.

 

 

Maravillas Palomino // @MaraPirate

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