I de Ilustres (Viajeros)

Han hecho las delicias de la literatura y el cine. Seguro que a más de uno se le viene a la cabeza alguno de ellos si le digo que estamos hablando de esos personajes que hicieron de su viaje una historia memorable, llena de aventuras y digna de instalarse en la memoria colectiva. ¿Quién no recuerda al simpatiquísmo león Willy Fog, dando la vuelta al mundo? Hoy, en el abecedario cultural, le damos un pequeño repaso a los grandes e ilustres viajeros que pueblan nuestras estanterías (ya sea entre páginas o en cajas de DVD).

 

 

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Para empezar he elegido a un griego. No, no a Ulises, del que ya hablamos en esta entrada, sino a Jasón, el de Jasón y los Argonautas, ese hombre que fue a por el vellocino de oro por la ruta más corta y volvió por la más larga que se le pudo ocurrir. 

El viaje de Jasón. Las flechitas son lo suficientemente descriptivas // Fuente:revistaargonauta.blogspot.com
El viaje de Jasón. Las flechitas son lo suficientemente descriptivas // Fuente:revistaargonauta.blogspot.com

La mitología griega es así, ¿no? ¿Para qué volver por el camino conocido, si podemos dar una rodea enorme por territorio desconocido lleno de peligros? Jasón había ido desde Corinto a la Cólquide para robar el vellocino de oro (la piel dorada de un ternero sacrificado en honor a Zeus y consagrada a Ares) y así recuperar el trono de Corinto, que era legítimamente suyo. Una vez que, con muchos peligros y aventuras logró llegar y conseguir el vellocino (así como una esposa, que nunca viene mal, sobre todo si es bruja), Jasón volvió a Corinto peeeeeero por el otro lado, dándole la vuelta a Italia. Un viaje tan lógico como práctico. Todo lo que podemos pensar es que el muchacho tenía ganas de disfrutar de una larga luna de miel y los pobres argonautas (los tripulantes de su nave, Argo) tuvieron que soportarlo cual tortolito enamorado).

 

Pero a lo largo de la histora ha habido más viajeros (hablamos de la historia de la literatura). Como Frodo Bolsón, que tuvo que hacer un viaje muy largo desde la Comarca a Mordor para tirar el Anillo Único al Monte del Destino. Y lo peor: andando. No voy a caer en el tópico de "Gandalf, podrías haber llamado a las águilas", pero lo cierto y verdad es que es normal que Frodo y Sam (no nos olvidemos de Sam) tardaran tres largas películas y tres más largos aún libros en llegar (por alguna extraña razón, la vuelta se nos hizo muy, muy corta). 

Bilbo Bolsón rodeado de enanos (aunque no está Thorin) // Fuente: www.abc.es
Bilbo Bolsón rodeado de enanos (aunque no está Thorin) // Fuente: www.abc.es

A otro que tenemos que recordar, ya que hablamos de la Tierra Media, es a Bilbo Bolsón, el tito de Frodo, cuya historia tenemos más reciente, y que tuvo que ir de La Comarca a Erebor (y volver). Hemos de reconocer que Bilbo tuvo más suerte que su sobrino, y pudo utilizar diversos medios de transporte: desde las citadas águilas de Gandalf a ponis, eso sí, siempre pasando por su propio modo de locomoción, sus dos cortas patas de hobbit. ¿Qué podemos decir? No está justificado que Bilbo (y la compañía de enanos encabezada por Thorin Escudo de Roble) tarde dos largas películas en llegar a Erebor, más cuando se despacha en el papel en doscientas setenta y nueve páginas (según la edición que se maneja a este lado de la pantalla), aunque, como nos enamoramos del universo de El Señor de los Anillos, tendemos a no quejarnos, por miedo a que el señor Peter Jackson deje de mimarnos. 

 

¡Más ilustres viajeros! No puedo evitarlo, y sé que mis lectores no pueden querer que lo evite. No podemos dejar de mencionar al viajero más castizo de tierras españolas, el señor Alonso Quijano, más conocido como Don Quijote de La Mancha. El pobre loco se dio un buen tute por las tierras peninsulares, arrastrando consigo a Sancho Panza, sí, pero no nos olvidemos del pobre Rocinante y el pobre Rucio, que llevaron a ambos en su aventura manchega. Y me perdonaréis, pero para ilustrar a este ilustre viajero (valga la redundancia), tengo que poner esto:

 

 

Y sí, lo sé, no he mencionado aún a Philleas Fogg, al que rozamos de pasada al principio hablando de su simpática versión Willy Fog. Philleas Fogg es el paradigma del viajero (pero del viajero que quiere viajar, no el viajero curioso y ansioso por descubrir nuevos lugares, sino el viajero al que le gusta poner sellos en el pasaporte y ya), recorriendo el mundo a contrarreloj en solo 79 días (porque la dio hacia el este y le ganó un día al sol, y no fueron 80), ganando también una esposa por el camino pero perdiendo la mitad de su fortuna (y con suerte de que no se le hubiese retrasado ningún tren y perdiera la otra mitad que tenía apostada).

 

¿Qué más ilustres viajeros echáis en falta? ¡Se han quedado un montón en el tintero!

 

Maravillas Palomino // @MaraPirate

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