Un poco de Francia

Las sillas llenas. De nuevo, han faltado. Particularmente en esta ocasión, todo el mundo está un poco ansioso por ponerse delante, cerca del ídolo. Poco a poco, se va sintiendo en el ambiente la expectación, el nerviosismo. La música cambia del suave chillout a un pop francés, Parece que queda menos. La vista se desvía hacial el lugar por donde sabemos que va a llegar. Y por fin, llega el momento. Michel Houellebecq hace acto de presencia, discreto, casi invisible y se dirige a la mesa. Todo el mundo sonríe satisfecho. El ídolo está aqui.

 

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Este nuevo encuentro del ciclo Escritores en su Tinta (este año en su edición más internacional, ya que también ha contado con la presencia de Valérie Tasso) ha congregado en la Biblioteca Salvador García Aguilar  de Molina de Segura a una pequeña legión de fans deseosos de escuchar a su autor favorito. De hecho, el francés Michel Houellebecq (que ha venido desde París) ha sido defendido a capa y espada durante toda la conferencia. ¿Qué es eso de que sólo sea prestigioso a nivel nacional, señora?

 

Sin embargo el encuentro decepciona a los lectores. ¡Es Michel Houellebecq! ¿No se le puede sacar más partido? ¿No puede darnos una charla, para que podamos deleitarnos con sus palabras? Lo cierto es que no. Lola Gracia (aún sin su clásica presentación, pero siempre con sus teorías algo descabelladas) insiste en mantener una conversación como con el resto de escritores, pero las circunstancias de Houellebecq impiden que sea una conversación fluida. Pues su torrente de palabras llega a nuestros oídos en francés, y los pobres traductores no pueden mantenerse a su altura en cuanto a prosa. Sus traducciones algo vacilantes ralentizan mucho el ritmo de la entrevista, muy corta para dar paso rápidamente al turno de preguntas. Ahora bien, para algunos no hace falta traductor alguno. Muchos de los asistentes saben francés, de modo que incluso alguna de las preguntas fueron lanzadas en la lengua gala. 

 

Muchas son las preguntas que le lanzan al escritor: sobre su vida, sobre su obra. Sobre su peculiar modo de vivir la literatura y la escritura, en completa soledad. "Hay que elegir entre vivir y escribir", dice. Para él, ambas son incompatibles. 

 

Michel Houellebecq no rehúye la polémica, para él, en caso de escándalo la que tiene el problema es la sociedad. De hecho, ante una pregunta de Lola Gracia amenaza con contarnos su vida sexual. También reconoce no recordar alguna de sus obras y sostiene que en España rechazamos la cultura: "Sólo hace falta encender la tele".

 

Las preguntas de sus admiradores se tornan muy filosóficas: ¿es el pesimismo la base de la sociedad? ¿es cierto que no existe el amor? ¿su aparación en su obra es un acto de puro narcisismo? Y Michel Houellebecq contesta, según parece ser su estilo, con un lacónico monosílabo. Pocos grandes discursos, pocas frases lapidarias que recordar. Aunque quizás lo que más nos duela es no haber podido tener a Michel Houellebecq más tiempo, haber podido disfrutarlo, haber podido entenderlo en su lengua materna. Pero aún asi, todos acaban satisfechos. Ha sido, gracias a las traducciones, las preguntas y las respuestas una velada divertida en la que hemos podido conocer a un autor de tal calibre como es Michel Houellebecq, venido desde la tierra del mismísimo Alejandro Dumas. 

 

Maravillas Palomino // @MaraPirate

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