La verdad profunda de Raquel Lanseros

Foto de archivo
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Muchos son los autores que lunes a lunes llenan un lugar que figura en la agenda de todos los amantes de la literatura de esta ciudad. El Bar Zalacaín se llena de escritores que, al calor de un café en invierno o de una refrescante cerveza en primavera, devuelven con creces el ardor mostrado por los asistentes en los minutos previos a la lectura por tomar un buen sitio, por alcanzar un lugar privilegiado desde el que disfrutar de ellos. Y anoche no fue una excepción con Raquel Lanseros, que pisó con ganas el estrado del antiguo bar.

 

Las mesas se llenaron de muchísimos poetas de la región a los que Raquel dedicó un agradecimiento efusivo al comienzo de su recital o a los que fue dedicando algún poema. Eloy Sánchez Rosillo, Inma Pelegrín y Teresa Vicente se dejaron ver por allí, pero no fueron los únicos ya que también estuvieron presentes el alicantino Ramón Bascuñana, acompañado en la mesa por Joaquín Baños y Noelía Illán, coordinadores de la revista de poesía La Galla Ciencia, o el arabista inglés Robert Pocklington. La barra del bar, que ayer se hizo más larga y necesaria que nunca, colgó el cartel de completo.

 

 

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Raquel Lanseros / Alberto Caride
Raquel Lanseros / Alberto Caride

Raquel Lanseros fue a presentar nuevo libro, Las pequeñas espinas son pequeñas, su reciente y aclamado “Premio Jaén de Poesía”, con el que está consiguiendo el éxito editorial y el aplauso de la crítica. Numerosos asistentes, con su ejemplar bajo el brazo, buscaron la dedicatoria de una autora siempre receptiva y dispuesta a compartir unos minutos de conversación con todos ellos. Raquel es una andaluza crecida en esas tierras leonesas a las que recurre con frecuencia en su poesía, el espacio de su memoria y el de aquella niña que, como nos contó la poeta Katy Parra en su presentación, “vivió rodeada de libros”. La escritora se caracteriza por una vitalidad y una dulzura que se muestran también en su poesía, y habla con una sutileza digna de quien susurra sus palabras y nos acerca a su voz interior. 

 

Comenzó la lectura con “Acción de gracias”,  poema de este nuevo libro con el que quiso simbolizar un estado de ánimo que en ella es siempre sincero y que se hizo patente a lo largo de todo el recital: su inmensa gratitud hacia todos los que disfrutaron con su poesía. Porque si algo hay en la poesía de Raquel es agradecimiento, es una poeta en la que la palabra “contigo” adquiere un valor fundamental, porque expresa una necesidad vital de encontrar compañeros con los que atravesar y compartir el tiempo que le ha tocado vivir.

 

Raquel Lanseros hizo un breve recorrido por algunos de los cuarenta poemas de Las pequeñas espinas son pequeñas, logrando transmitir con todos ellos su particular percepción de la nostalgia, la soledad, el amor y la insignificancia del ser humano, y mostrando sus referentes literarios sin ningún pudor, haciéndose deudora de los versos de otros, sus influencias y su respiración: Antonio Machado, Bécquer, la pintura de Velázquez, los poetas del 27 o del Siglo de Oro, Ovidio, y Edgar Allan Poe, a quien recientemente ha traducido.

 

Raquel defendió que “un escritor ha de ser hijo de su tiempo, implicarse en el devenir histórico de su tiempo…”, y leyó poemas en los que la unión entre el tiempo y la ensoñación hablaron de cómo evolucionan los deseos.

 

Raquel Lanseros siempre estremece y conmueve, no deja indiferente.  Acercó esa vida que tuvo y tiene en León, pero que vive en otro sitio, y también la vida que espera vivir en sus poemas.

 

Finalizó la lectura con la proyección de uno de sus poemas hecho imágenes, con la voz de Raquel, “Himno a la claridad”, desatando los aplausos entre los asistentes y una ola de abrazos a la salida.

 

Siempre entregada a su público, Raquel Lanseros continuaba dentro del Zalacaín cuando el reloj de la Catedral marcó el inicio de otro día.

 

 

 

Redacción // @Cafedletras

 

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