Pintar con palabras, escribir con colores

Pensar que la literatura es un ejercicio creativo que solo busca convertirse en un divertimento para el consumidor es un grave error. La obra literaria, de hecho, no es otra cosa que un cúmulo de enseñanzas, una clase maestra contenida, a veces, en poco más de 100 páginas. Y si la novela que se tiene entre manos narra encuentro entre El Greco y Luis de Góngora,  es imposible imaginar que la lectura solo será un ejercicio de expansión.


El cuarto centenario de la desaparición del pintor Doménico El Greco sirve a la editorial Alfabia como irrepetible marco para la publicación de El poeta y el pintor, de Ana Rodríguez Fischer, una historia que navega entre la novela y el ensayo. El libro recrea un posible encuentro entre el poeta cordobés y el autor de El entierro del Conde de Orgaz. Desde esa premisa, la escritora imagina las conversaciones, los encuentros y los desencuentros de ambos genios, que coexistieron en la España del Siglo de Oro. Las descripciones casi académicas de las obras de El Griego, las reflexiones sobre la poesía y la creación e incluso los detalles biográficos muy bien documentados de ambos artistas se derraman por todo el texto que, a la vez, está narrando desde un lenguaje sinuoso, como las tortuosas callejuelas de Toledo, lugar donde se desarrolla el imaginado encuentro. Rodríguez Fischer logra, sirviéndose de una redacción que evoca a la lengua clásica, situar al lector en el espacio tiempo de un modo sutil e inequívoco.

 

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El libro, que se abre y se cierra con un ritmo más narrativo dejando el peso ensayístico al grueso de la novela, ofrece una lectura de reposo, concienzuda, reflexiva. Puede parecer, en ocasiones, que las explicaciones técnicas sobre arte van a espantar al lector. Sin embargo, la escritora juega con el equilibro entre historia y exposición técnica que, lejos de asustar, invita a la reflexión continua. Además, no solo el arte, la pintura y la poesía son objeto de diálogo y reflexión de los dos genios. El poeta y el pintor es también una bitácora donde la vida mundana, las perversiones del poder y la inquietud por lo simple toman especial protagonismo

 

Es desde la perspectiva de Góngora desde la que sitúa el texto. Una visión en la que a veces el poeta toma la palabra y escribe directamente al lector, como si de un cuaderno de memorias se tratase. Un espectáculo de versos y textos del escritor se inmiscuye en el texto de Fischer, como si el ejercicio de creación lírica surgiera en el instante, como la propia vida, con la propia vida. La dualidad de narradores, a veces la tercera persona y a veces la primera, hacen que la lectura sea ágil y abandone toda monotonía. Con el juego de voces, Rodríguez Fischer va buscando el narrador más oportuno para cada momento.

La pintura y la poesía son una en la novela de Ana Rodríguez Fischer. La escritora da color a las palabras y ritmo sonoro a las pinturas y ambas disciplinas danzan juntas, siendo un todo, hasta el final de la novela. El lector debe ser capaz de trascender, de ir más allá de las palabras y sus límites para conquistar el verdadero tesoro del libro: una especie de belleza artística velada en la historia, un secreto desvelado a voces en las esquinas de cada capítulo. El arte, en todas sus acepciones y disciplinas, es el único alimento del alma de las personas sensibles.

 

 

Daniel J. Rodríguez // @DanielJRguez

FICHA TÉCNICA

 

Título

El poeta y el pintor

Autor

Ana Rodríguez Fischer

Editorial

          Editorial Alfabia

Temática

Narrativa

Páginas

167

Precio

17 €

 

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