Manual para encontrarse hoy

La poesía, como la vida, está amarrada a la sangre. La de Alberto Chessa, que participó anoche en los Lunes Literarios del Zalacaín, en Murcia, no es más que un suero de vida, un bálsamo de realidad que encañona los sentidos y amenaza constantemente con apretar el gatillo. Los versos del murciano exiliado en Madrid son un ejercicio circense para el que lo escucha: caminar por la cuerda floja. Arriba, una fuente de metáforas e imágenes cercanas; abajo, la incapacidad del hombre para evadirse del lenguaje directo al corazón que cultiva el poeta.

(Sigue Leyendo)

Alberto Chessa aterrizó en el café literario que, como él mismo afirmó, se está convirtiendo en un referente dentro del mundo de la poesía regional, para realizar un ejercicio de retrospección de su obra. 20 años llevan su voz, grave, y sus manos, grandes, envenenadas por los caminos de la poesía. Desde un lenguaje claro, directo, sin complejos y cargado con el imaginario del mundo en el que vive, Chessa reflexiona sobre su yo –que en cierto modo es el de todos- y se sitúa en el mundo consciente de su pequeñez, de su insignificancia: “Todavía no he escrito un verso mío/un verso con temblor de nacimiento”, explica casi en esos primeros versos de adolescencia como si de un ejercicio de empequeñecimiento se tratase.

 

Miente. Sus versos son una experiencia original. Las palabras crean escenas poderosas como un puño en el momento exacto en el que golpean el pómulo: “Del mismo modo que el nonato decide no nacer y abraza la sombra (…)/ deberían prohibir el sol a los nostálgicos”.

 

Son poemas que se mueven en dirección a la inconstante búsqueda de identidad, una biografía en verso que, en su grave voz, heló sutilmente las lágrimas en los corazones cedidos de los que escuchaban sus palabras.

 

La poesía de Alberto Chessa es una poesía muy humana, directa a la sangre, a la tierra y al verdadero ser yacente en la tristeza. Poesía enclavada en el hoy, pero no por ello carente de matices y sombras del pasado, del mundo en el que nace y respira el poeta.

Curiosos fueron sus divertimentos y sus “sonetontos”. Piezas en las que, con sorna y desenfado, Alberto reflexiona sobre temas tan actuales como la elección del papa Francisco o la posible urgencia vital de los pies. Todo un espectáculo.

 

El murciano Alberto Chessa, que ha publicado hasta el momento dos poemarios (Osamenta (2010), Accésit del premio Adonais  y En la radiografía apareció la piel, publicado en 2013 por Huerga & Fierro, además de participar en revistas como El coloquio de los perros o Galla Ciencia), recitó con calma, ordenando las ideas a la vez que las reflexionaba en un diálogo silencioso con el público, que llenaba las mesas del Zalacaín. Quizá sea que la poesía está de moda, o más bien que es necesaria, ya lo digo Celaya, y por ella respiramos y vivimos. Alberto Chessa regaló en su recital una oportunidad de sincerarse con uno mismo a través de sus versos, de su palabra.

 

Daniel J. Rodríguez//@DanielJRguez

Escribir comentario

Comentarios: 0

Visualiza el número aquí

¡Descarga aquí nuestro noveno número!
¡Descarga aquí nuestro noveno número!