Fue en un pueblo con mar

Mario Ojeda y Flaco Rodríguez
Mario Ojeda y Flaco Rodríguez

La noche del jueves, quizá por la nostalgia de la semana que acaba, es propicia para los naufragios personales. Un momento extraño en el que mirarse al espejo a través de canciones puede ser la condena de los que observan más allá con el filtro de la realidad poética. Una velada idónea para cantar por Sabina, perderse en sus letras, encallar en cada verso, en cada tropo, en cada punto suspensivo. Y así ocurrió anoche en el Coyote, Cartagena, donde un pequeño grupo de ensanchados corazones brindó con la botella vacía de las canciones del Flaco, de mano de Los Sabineros. Todo un espectáculo.

 

Acudir a un concierto de Los Sabineros es ir a una sorpresa continua y continuada. El Flaco Rodríguez, en una perfecta emulación de la voz del de Úbeda, y Mario Ojeda, una guitarra mucho más correcta, decidida y concreta que en otras ocasiones, un showman pertinaz y comedido y, casi con toda seguridad, la batuta de este dúo tan particular, son impredecibles: canciones que son himnos, chanzas y puyas continuas entre los dos, el gracejo propio de la argentina que detenta Mario y el humor asabinado del Flaco, consiguen que el recital sea algo más allá de un mero tributo a Joaquín Sabina.

 

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Porque Los Sabineros ofrecen algo más, un valor añadido que hace que ya no se busque a dos tipos imitando al compositor y poeta más canalla, sino que se acuda al espectáculo que este par ofrece. Una hora de risas, imitaciones y homenajes.

 

El escenario era perfecto: una sala borracha de madera, con municiones ingentes de alcohol, cerca del mar de invierno. El Coyote es un local idóneo para la canción de autor y los Sabineros no se hicieron de rogar para ofrecer lo mejor de su repertorio: Sabina, Joan Manuel Serrat, Calamaro e incluso un tango de Gardel, brillaron en la voz del Flaco Rodríguez y Mario Ojeda.

 

La tonada del Flaco Rodríguez y la música de Mario Ojeda son un gran homenaje a la canción de autor española, con Joaquín Sabina como buque insignia. Pero, sobre todo, escuchar a Los Sabineros es tener a Sabina borracho y perdido en un garito de un pueblo con mar. Ebrio u olvidado, pero brillante.

 

Un público escaso y frío al inicio, pero entregado al final de la velada, logró que el dúo se dejara la voz en el escenario, o en los vasos interminables que los dos componentes repelaron.

 

Y sigue la gira. Los Sabineros estarán esta noche en Archena y mañana, sábado, en Moratalla.

 

Daniel J. Rodríguez// @DanielJRguez

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Comentarios: 1
  • #1

    Mario Ojeda (domingo, 16 febrero 2014 21:34)

    Gracias una vez mas, Daniel..¡estás escribiendo bárbaro!! un abrazo: Mario

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