La noche que me enamoré de Ángel Stanich

El intérprete es como un largo viaje en coche con cds de Neil Young, Quique González y Bob Dylan. Más bien, es todos esos discos tirados en la cuneta, manchados de barro, abandonados a su propia suerte. Ángel Stanich ofreció un concierto en el Club Atalaya, Cieza, donde dejó claro que va a dar que hablar en el mundillo y que, además, ha venido para quedarse.

 

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Stanich llenó el Salón

La noche prometía. El concierto iba a servir como homenaje a José Carlos Martínez, principal artífice de la rueda de conciertos que, casi semanalmente, tienen lugar en la nueva sala del quincuagenario club. Un festival de gentes de toda condición acudió allí, al coqueto espacio musical, dispuesto a brindar por el amigo que marchó y a escuchar a este raro personaje – la incógnita musical del momento- que, escondido tras una espesa y descuidada barba y un desidioso cabello, canta desgarrado y profundo, alto y perdido en Dios sabe qué divagaciones.

Un concierto acústico con mucha garra
Un concierto acústico con mucha garra

Media hora después de la concertada para el inicio del concierto, Ángel Stanich, pitillos camel, camisa de otro siglo y las botas de tacón que siempre quise, se alzó unos pocos centímetros por encima del que sería su público esa noche. Unas palabras en memoria de Martínez nacieron desde su voz grave: “Yo no suelo soltar estas parrafadas, pero hoy…Luego tiraremos un castillo en su honor”, apuntó y, guitarra en mano, empezó a desangrarse en sus temas, a perecer en canciones.

 

Una guitarra. Un concierto exclusivamente acústico. Él y su público. Stanich logra que la música se entienda como algo más allá de un divertimento. Es un vivir. Y un vivir ahora, con franqueza, despojado.

 

El estilo acústico, una única guitarra en sus manos, que jamás abandonó su rol rítmico, y su voz, solo acompañadas en una ocasión por la armónica, en una maravillosa “noche del coyote” que fue coreada por algunos que ya vienen siguiendo la trayectoria de este misterio andante, fueron suficientes para lograr meterse al público en el bolsillo e incluso para que Stanich tuviera que hacer un bis al finalizar el programa.

“Camino Ácido”, “Metralleta Joe” y el “Outsider” fueron los temas que más brillaron en la hora y media, con minutos robados, que duró el concierto. Quizá por ser los más conocidos, llegaron a ser cantados por algunos del público que, quizá imbuidos por la realidad narrada por Stanich, acabaron bailando, convirtiéndolo todo en una fiesta.

 

Sus letras danzan entre escenas oníricas imposibles y el realismo más puro. Geniales historias de este singular y casi tímido tipo, Ángel Stanich.

Su primer disco, “Camino Ácido”, verá la luz el 18 de febrero. Así lo anunció al final de su concierto con la promesa de volver con toda su banda. El público le contestó asintiendo y con la sonrisa del que desea su vuelta como el niño que abre su regalo favorito en su cumpleaños.

Daniel J. Rodríguez // @DanielJRguez

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