Reuniones alrededor de "la luz de la luna en un Martini"

Y es que los encuentros con escritores deberían ser eso: encuentros. Alrededor de una mesa con un buen café, o con un Martini o un cubata tal vez. Encuentros, preguntas, palabras que vuelan a la vez que el líquido ambarino va desapareciendo. Y esa tónica es la que se ha seguido en la última parte del homenaje realizado la tarde-noche del viernes en Cartagena.

 

Tras una mesa redonda que ya relatábamos y la sorpresa de que el autor subiera a escena para regalarnos una magnífica puesta en escena del poema que cierra su último libro, ahora, en ese instante tocaba la mejor parte de las cinco horas de acto: escuchar la conversación del autor con dos amigos mientras una botella de alcohol espera impaciente su turno desde el suelo.

 

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De todas las palabras que volaron desde el estrado durante la mesa redonda, a José María Álvarez le ha impactado una idea: la idea de que le haya cambiado la vida a alguien con lo que crea.

 

Es cierto que la literatura cambia, y este cambio siempre suele ser a mejor aunque el libro no te haya gustado. Las malas o las buenas letras no dejan nunca indeferente a nadie y eso bien lo sabe Álvarez.

 

Desde niño el escritor ha mamado de la literatura, de hecho no recuerda un momento de su vida en el que no sostuviera un libro entre sus dedos. Señala que hay muchos que recuerdan el instante en el que supieron que sus vidas iban a estar ligadas a las letras, sin embargo él no sabe el momento exacto porque siempre lo ha sabido, en el instante justo en el que aprendió a leer.

 

Por otro lado, Álvarez no solo ha viajado a través de hojas escritas sino que es un viajero nato con residencia fija en París. Ha recorrido medio mundo y pisado miles de historias a través del alquitrán de sus calles. Él no podría elegir una ciudad de entre todas las que conoce. Pero sí que hay tres de ellas que recuerda con especial aprecio: París, Venecia y San Petersburgo.

 

Mientras los vasos se siguen extinguiendo, las palabras continúan su curso haciendo referencia a todo lo que ha leído. Son muchos los autores y escritos que ha disfrutado, es por ello que recuerda una respuesta de Borges a la pregunta de un periodista que exigía que eligiera a un solo escritor importante para él: “¿No tiene usted preguntas menores?”, exclama entre sonrisas un José María Álvarez bastante divertido. Y es que las citas parecen fascinar al escritor.

Todo lo que sale de su pluma tiene miles de referencias bibliográficas y eso precisamente es lo que le apabulla del mundo actual: que no se entiendan. Recuerda con añoranza los días en los que las “musas” evocaban lo mismo a todos por igual. Ahora cree que esas referencias no existen, que el mundo actual olvida las cosas que antes tenían significados plenos. No es que a él le dé miedo hacia dónde nos están llevando las tecnologías, lejos de eso es consciente de que son un medio que facilitan el día a día, pero cree sin duda que el mundo está corriendo a una velocidad tal que se ha ido perdiendo la esencia del “sin reloj”.

 

“Como la luz de luna en un Martini” es el título de su último poemario, colección que aún no se puede obtener en las librerías aunque a Cartagena ha llegado un adelanto. En él, el poeta expresa que ese libro “tiene algo de despedida”, pero lejos de alarmarnos nos asegura que aún habrá escritos de Álvarez que vislumbrarán las ciudades.  De hecho, afirma, ya se está gestando el próximo que pisará una imprenta.

 

Su edad no le hace justicia, a pesar de todo lo que ha vivido, el escritor tiene siempre ganas de más y de continuar charlando con los de su alrededor. De esta forma, con una cercanía que le caracteriza, José María concluye su líquido ambarino acordando con los lectores la firma de ejemplares fuera, bajo la noche cartagenera, acompañado por un cigarro y una buena conversación.

 

 

 

Sonia Pérez Sánchez // @SoniaRIPEC

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