La música del Delta sigue viva

El blues siempre ha sido y será el gran perdedor. Rock, pop, punk, heavy, todos estos estilos musicales, hijos o nietos suyos, le han superado en cuanto a popularidad o movimiento de masas, en cuanto a ventas. Pero siempre es curioso conocer que el blues nunca ha desaparecido. De hecho, cada decena surge un gran guitarrista de blues como Joe Bonamassa en estos últimos años, que le insufla nueva fuerza al estilo del Delta del Missisipi.

 

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Chema Espejo, en uno de los momentos de la actuación // Foto de Carlos J. Rosique
Chema Espejo, en uno de los momentos de la actuación // Foto de Carlos J. Rosique

Además, Murcia siempre se ha caracterizado por dar a la música gente cerca al blues y al rock más clásico. Desde Santi Campillo en Mclan (el propio grupo eran unos rockeros de pro, ahora vuelven a intentarlo) pasando por bandas míticas de nuestra Región como Los Bluesfalos (unos clásicos que casi todo el que se mueve en este ambiente ha visto), son muchos los artistas que han tocado este estilo de música que tiene más de 60 años.

 

Chema Espejo es uno de esos artistas. Este profesor de instituto lleva más de veinte años al frente de Los Crudos, banda mítica de nuestro panorama rockero, y de casi obligada escucha. Ofrece su voz desgarrada al conjunto del grupo que, sin salirse de los canones establecidos del rock, dan buena música allí donde estén.

 

Pero el concierto que ha ofrecido en el Pub Zalacaín no fue al frente de Los Crudos. Fue al frente de otra banda, más orientada al blues rock, llamada Beacon Blues. Sorprende que los otros miembros de la banda pertenezcan a otras bandas de la Región como el batería Pedro Sánchez, que también lo es en Los Marañones; el bajista Vicen Caracia, que toca las cinco cuerdas de su bajo en la banda de heavy metal progresivo Shadows Fall, entre otras; o el guitarrista solista Julio Guzmán, guitarrista independiente donde los haya.

 

El blues no es música de masas. Por ello el concierto ayer en Zalacaín no tuvo un sold out, un lleno absoluto de esos que hacen historia. Fue un concierto entre amigos y amantes de la música, de gente cercana. Durante las casi dos horas y media de concierto, Chema y compañía nos dieron un repaso al blues, desde el más clásico con ese homenaje a Robert Johnson  al tocar la canción Crossroads hasta mezclar el blues con el funky. En cuanto a repertorio un 10.

 

 

El único problema lo tenemos en el tiempo. Tantas horas sentados en un local que no parece hecho para ver tocar en directo pasa factura. Además de que el blues no es una música digestiva, no es música de principiantes, y tanto tiempo cansa. No solo al público, los propios músicos empezaron a notar el cansancio por la duración, sobre todo a partir de la segunda parte del concierto, donde la guitarra sonaba a veces genial, pero otras veces le faltaba llegar, le faltaba gancho.

Unos de los momentos del concierto // Foto de Carlos J. Rosique
Unos de los momentos del concierto // Foto de Carlos J. Rosique

La gente se iba progresivamente en las últimas canciones, y el volumen de los diálogos subía como si la banda no fuera el centro del local. Ese fue el único fallo a una noche mágica de blues, de desamor, de dulzura musical para oídos entrenados. Las historias de perdedores y de ganadores siempre nos han parecido interesantes y ayer escuchamos no solo decenas de historias de perdedores en forma de canciones, si no que las disfrutamos como nunca.

 

El blues siempre es y será ese gran perdedor amigo nuestro. El colega borracho y triste que todos podemos llegar a tener. El dolor en forma de hombre, el desamor como tren de vida, la tristeza melancólica como forma de existencia; pero que, en vez de dañarnos y llevarnos por su mala vida, nos reporta paz, serenidad, tranquilidad. Porque será lo que sea y como sea, pero estará siempre ahí. Tiene más de sesenta años y sigue pareciendo tan joven como el primer día.

 

El blues siempre tendrá un hueco en Murcia, con gente como la banda de Beacon Blues, músicos comprometidos con la música del Delta y con el rock más clásico. Ahora solo faltan locales para que gente así, y más jóvenes, salgan a la palestra y siguen tocando la guitarra al estilo de Robert Johnson. Da un gustazo que ni os imagináis.

 

 

Carlos J. Rosique // @XarlyRosique

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