En la madurez, letras

Cada composición que ve la luz se merece un recibimiento a la altura de este suceso. En la noche del viernes, en Cartagena, se le dio una acogida especial a un nuevo libro. El último barco al infinito es el primer libro de Miguel Alcantud Cayuela, perteneciente a una familia con varios artistas. Música y letras se dan la mano en una velada acogedora gracias a Miguel Alcantud Rubio que ofrece un breve concierto a piano y acompaña la presentación con su interpretación en el arpa.

 

 

(Sigue leyendo)

Grandes plumas se ocultan en el anonimato de comunes nombres. Ser una persona llamada Carlos, Carmen o Antonio no es sinónimo de ser escritor, al menos, claro, que vaya acompañado del reconocimiento que el público da a ese nombre arropado con un apellido determinado. Es por ello que a lo mejor llegas a cierta etapa de tu vida sin haber encontrado el momento oportuno de que los lectores disfruten de tus letras, pero nunca es tarde si la dicha es buena, como es el caso de Miguel Alcantud. Él es consciente de que ha llovido mucho desde sus primeros escritos (a los 12 años), composiciones de juventud  que están bastante alejados de los que ahora recoge en este poemario que nos ofrece con toda la sinceridad que le caracteriza.

El poeta, influenciado por grandes poetas de la historia de la literatura (A. Machado, Alberti o Ángel González), califica a sus propios escritos como “lírica intimista” ya que ve su poesía como “una prolongación del alma”. Hay mucho de la biografía de Miguel en estos escritos. El mar, la arena, el barco, la luna o el vino son motivos a los que siempre recurre a lo largo de su trayectoria.

 

El escritor reitera que es consciente de que la obra deja de pertenecer al escritor en cuanto el primer lector la abre y hace suya. Ahora, nos deja “El último barco al infinito” a nosotros para que extraigamos lo que hay del cartagenero y que pase a que sea una obra plenamente nuestra. Pero lejos de dar grandes explicaciones sobre las composiciones elegidas para este poemario, Miguel ofrece un breve recital, en esta noche de viernes, acompañado por dos voces femeninas, Ana y Ramona, que constituyen una perfecto trío de voces complementarias y con cierta complicidad.

 

En poemas como “Ahora que somos”, “El viejo tango” o “Poeta” se enaltecen los elementos cotidianos de manera natural y con una simplicidad admirable. En sus manos, las palabras cobran significados ocultos que van más allá de la simple apariencia. Usando determinados giros retóricos pero sin abusar de ellos, Miguel Alcantud nos deja un legado que sin duda tendrá un buen recibimiento por parte de la crítica.

 

 

 

 

 

Sonia Pérez Sánchez // @SoniaRIPEC

Escribir comentario

Comentarios: 0

Visualiza el número aquí

¡Descarga aquí nuestro noveno número!
¡Descarga aquí nuestro noveno número!