Una lectura de costumbres

Muchos se han extrañado de mi recomendación de la semana. Han exclamado con premura, "¿Y no recomiendas el Don Juan?", porque saben que soy Filóloga, porque saben que soy una persona muy arraigada a las tradiciones españolas.

 

Recuerdo de pequeña algunas de las tradiciones familiares. En cada punto de España se celebra esta noche de forma distinta. En Barcelona lo normal es que los niños vayan vestidos de castañuelos a los centros; las clases extraescolares piden a las familias de muchos sitios distintos que los lleven ataviados de cosas terroríficas; habrá quien llame esta noche a mi puerta pidiendo un caramelo; pero señores, habrá también alguna persona que encienda una vela en casa para iluminar el camino de aquellos que vuelven al hogar una sola noche al año.

 

 

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Y, por otro lado, los teatros se llenan de gente que interpretará el Don Juan Tenorio de Zorrilla, y de gente que está deseando escuchar:

 

Cálmate, pues, vida mía;
reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.

¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?

Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que está respirando amor?

Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador,
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?

Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?

Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse a no verlas
de sí mismas al calor,
y ese encendido rubor
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?

¡ Oh ! Sí, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos,
escucharme sin enojos
como lo haces, amor es;
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,

la esclavitud de tu amor.

 

 


Y es que esta obra ha marcado un antes y un después en la vida de muchísimo españoles y de la historia de la literatura. La figura del Don Juan ha traspasado las fronteras del tiempo y ha sido el objeto a seguir por muchos otros dramaturgos posteriores. Y es que, ¿nunca has escuchado la expresión ser un Don Juan? Pero querido lector, no nos llevemos a engaño. Aunque esta obra es muy relevante, Zorrilla cogió a este personaje popular que ya encontramos en Tirso de Molina y su Burlador de Sevilla. Sin embargo, lo cierto es que este autor Romántico, Zorrilla, lo hizo realmente popular.

 

En esta noche, leámos el Don Juan pues.

 

 

Sonia Pérez Sánchez / @SoniaRIPEC

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