C de Cuéntame (un cuento)

Hoy, mis muy estimados lectores, os espera una pequeña reflexión. Junto a una pequeña historia que estoy segura todos conocéis. ¿A alguien no le han contado nunca el cuento de Las tres princesas delicadas? Yo lo recordé el otro día escuchando esta excelente canción:

 

 

(Sigue leyendo)

Veréis. Llevo una pequeña racha de arruinarme a mí misma la infancia parándome a pensar en lo que significan las cosas (el trauma de Al pasar la barca fue espectacular) y el otro día, mientras escuchaba en la radio la canción de Celtas Cortos, me dio por pensar en el cuento de Las tres princesas delicadas que la inspira. Para el que no tenga muy claro como era (los cuentos infantiles tienden a confundirse en la mente adulta:

 

Érase una vez (y lo pongo en cursiva para que parezca más cuento) un rey que tenía tres hijas muy, muy delicadas, por lo que nunca salían de palacio. Sin embargo, un día, la más mayor de las princesas, salió a dar un paseo por el jardín privado de su padre con tan mala suerte que un pétalo de rosa cayó sobre su cabeza provocándole un terrible dolor de cabeza. Rápidamente, su padre llamó a los mejores médicos del reino, que consiguieron curarla. Pero la princesa ya nunca volvió a ser la misma.

Pasaron unos años. Y la princesa mediana, un buen día, se levantó con un tremendo dolor de espalda. Nadie sabía qué se lo había provocado, hasta que la criada vio que había una pequeña arruga en la sábana, que es lo que había perturbado su delicada espalda. De nuevo, el rey llamó a los mejores médicos del reino, que consiguieron curarla. Pero la princesa ya nunca volvió a ser la misma. 

El rey, ante la pérdida de sus dos hijas mayores (porque ya nunca volvieron a ser las mismas, así que ya no eran exactamente sus hijas), decidió tomar cartas en el asunto y evitar que a su hija pequeña le pasara lo mismo. De modo que la metió en una urna de cristal para que nunca jamás le pudiera pasar nada.

Sin embargo, un día un mosquito se las arregló  para colarse dentro de la urna de la princesita, y el batir de sus pequeñas alas provocó una corriente de aire que resfrió a la niña. Rápidamente, el rey llamó a los médicos que (oh, qué sorpresa) consiguieron curarla. Pero la princesa ya nunca volvió a ser la misma. 

 


El cuento termina así. No hay final feliz. No hay solución. Hay quien le añade un: "Y aún hoy el rey se pregunta por qué sus hijas eran tan delicadas". Pero en realidad es un cuento un poco sin fuste. 

 

No obstante, en mi revelación musical del otro día lo comprendí todo. El sentido de este cuento sin sentido. No es palabrería para que las niñas oigan hablar de princesas un rato. Tampoco es un cuento para dormir. De hecho, no es siquiera un cuento infantil.

 

Es un cuento para los padres, para recordarles que llegará el momento en el que su niña ya no será nunca más su niña, que ocurrirá algo que la cambiará para siempre, por mucho que pretenda protegerla y guardarla para sí. Y me parece curioso que en medio de tanto cuento preventivo, con el objetivo de formar niños precavidos y osados, obedientes y con temor a las madrastras, podamos encontrar un cuento cuya moraleja es para aquel que lo cuenta, no para quien lo recibe. 

 

¿Qué me decís vosotros, después de esta pequeña disertación pseudopsicológica sobre cuentos reinterpretados? ¿Hay alguna revelación por ahí que nos cambie por completo algún cuento infantil?

 

Maravillas Palomino // @MaraPirate

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Comentarios: 1
  • #1

    shurmano peligroso (miércoles, 23 octubre 2013 21:41)

    HAs descubierto América enhorabuena colón

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