B de Bastian (Baltasar Bux)

Supongo que los más habréis reconocido ese nombre tan particular que encabeza la entrada. En efecto, se trata del protagonista de La Historia Interminable, de Michael Ende, ese libro que a todos nos hizo (o nos hace aún) soñar. No son pocas las personas que declaran que La Historia Interminable es su libro de cabecera, y no me extraña: es un libro tan complejo y vasto que probablemente nadie jamás termine de leerlo del todo. Aunque, os advierto, no esperéis en el post de hoy una disertación sobre La Historia Interminable. Eso sería aburrido y me temo que no del todo honesto. Pero os prometo una entrada la mar de interesante.

 

(Sigue leyendo)

 

El caso es que yo leí La Historia Interminable hace mucho, mucho tiempo. Ni siquiera estoy segura de haberla entendido bien, y probablemente tenga que cogerla de nuevo para leerla con paciencia y detenimiento para disfrutarla. Pero de las pocas cosas que recuerdo a ciencia cierta (y por tanto que no están empañadas por esa película a la que me niego a calificar) es la escena que podréis leer a continuación. No recuerdo nada más del libro, os lo puedo prometer. Pero esta escena se me quedó grabada a fuego en la mente, y hoy quiero compartirla con vosotros. Tranquilos, porque no contiene ningún spoiler. Ni os va a destrozar la lectura del libro, si sois de los afortunados (afortunados porque coger un libro por primera vez es una experiencia única) que no lo habéis leído. Aquí os la dejo, y espero que la disfrutéis.

 

"Había un grupo de personas, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, todos vestidos con 

los trajes más extraños y sin hablar. En el suelo había un montón de grandes dados, y en 

los seis lados de cada dado había letras. Una y otra vez, aquellas personas revolvían los 

dados y luego los contemplaban fijamente largo tiempo. 

 

-¿Qué hacen? -susurró Bastián-. ¿Qué clase de juego es ése? ¿Cómo se llama? 

 

-Es el juego de la arbitrariedad -respondió Árgax. Les hizo señas a los jugadores y gritó-

: ¡Bravo, muchachos! ¡Adelante! ¡No os detengáis! 

 

Luego se volvió a Bastián y le cuchicheó al oído: 

 

-Ya no saben narrar. Han perdido el lenguaje. Por eso he inventado ese juego para ellos. 

Como ves, los entretiene. Y es muy fácil. Si lo piensas, tendrás que admitir que todas 

las historias del mundo, en el fondo, se componen sólo de veintiséis letras. Las letras son siempre las mismas y sólo cambia su combinación. Con las letras se hacen palabras, 

con las palabras frases, con las frases capítulos y con los capítulos historias. Mira, ¿qué 

pone ahí? 

 

Bastián leyó: 

 

HGIKL0PFMWEZVXQ 

ZXCVBNMASDFGHJKLÑ 

QWERTYU10P 

ASDFGHJKLÑ 

MNBVCXZLKJHGFDSA 

POIUYTREWQAS 

QWERTYUI0PASDF 

ZXCVBNMLKJ 

QWERTYU10P 

ASDFGHJKLÑZXC 

POIUYTREWQ 

NLKJHGFDSAMNBV 

GKHDSRYIP 

ARCGUNIKYÑ 

QWERTYUI0PASD 

MNBVCXZASD 

LKJU0NGREFGHL 

 

-Sí -se rió sofocadamente Árgax-, casi siempre pasa eso. Pero si se juega mucho tiempo, 

durante años, surgen a veces, por casualidad, palabras. No palabras especialmente 

ingeniosas, pero por lo menos palabras. «Calambrespinaca», por ejemplo, o 

«choricepillo, o «pintacuellos. Sin embargo, si se sigue jugando cien años, mil años, 

cien mil años, con toda probabilidad saldrá una vez, por casualidad, un poema. Y si se 

juega eternamente tendrán que surgir todos los poemas, todas las historias posibles, y 

luego todas las historias de historias, incluida ésta en la que precisamente estamos 

hablando. ¿Es lógico, no? "

 


Maravillas Palomino / @MaraPirate

 

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Davo (miércoles, 23 julio 2014 11:15)

    Ese capítulo siempre me impresionó.

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