Y de Yugurta (el Yogur para los amigos)

Este verano, entre otras cosas, me he dedicado a traducir junto con una amiga los textos de selectividad de latín. Y entre otras muchas cosas (como las vidas y milagros de los reyes de Roma o las luchas contra los piratas, que es la parte que más me gusta), tuvimos que traducir las venturas y desventuras de Yugurta, que infortunados traductores nóveles alguna vez se atrevieron a traducir como "el Yogur", y el resto lo acogimos  como un mote cariñoso y lleno de amor.

 

Yugurta es, por cierto, el personaje encadenado de la imagen de aquí al lado. Ahora os contaré por qué.

 

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Todo comenzó cuando el rey de Numidia murió dejando como herederos a sus dos hijos (de hermoso nombre) Hiempsal y Aderbal. Para variar, y como siempre pasa cuando le dejas un reino a tus dos hijos (¡no lo hagáis nunca!), la cosa no salió muy bien, aunque no precisamente por desavenencias entre hermanos. Yugurta era sobrino del fallecido rey y contaba con todas las simpatías de los numidios, por lo que haciendo gala de ambición y dejando claro que no les tenía nada de cariño a sus primos, se decidió a ser rey y dio un golpe de Estado. Golpe de Estado al estilo Edad Antigua, veáse “matar a todos los miembros de la familia real y sentarme en el trono”.

 

Yugurta mató a Hiempsal y trató de matar a a Aderbal, pero éste huyó a pedirle ayuda a Roma (¡cobarde!). La diplomática solución del Senado Romano fue un poco inútil: decidieron dividir Numidia en dos y adjudicar su gobierno a cada uno de los primos. Lo que pasó fue que una vez que Yugurta se hubo asentado en el trono, marchó contra la ciudad de Aderbal, matándolo a él junto a unos cuantos mercaderes romanos.

 

Por supuesto, esto sí que tocó la moral del Senado. Probablemente si siguiera en pie le tocaría aún más la moral que haya tratado la muerte de esos mercaderes tan a la ligera. ¡Eran ciudadanos romanos, por todos los dioses! Y esas cosas. Pero bueno, prosigamos con la historia.

 

Comenzó entonces la Guerra de Yugurta, que tan de cabeza traía a mi amiga, con sus subordinadas y sus construcciones extrañas. Diversas fueron las batallas que se libraron, y terminaron con más o menos gloria. La primera expedición, por ejemplo, fue liderada por Calpurnio Bestia (me encanta este nombre, es el mejor de todos. Es mi personaje favorito de toda la historia de Yugurta), quien “consiguió” que Yugurta se rindiera, pero de tal modo que las condiciones de paz fueron muy favorables al rey numidio (esto es culpa de la famosa corrupción de los romanos y de la ayuda económica que Yugurta le concedió a Calpurnio gracias al plan antibélico de Numidia).

 

Al final, tras muchas batallas y otros tantos generales, el cónsul Cayo Mario fue el artífice de la victoria sobre Yugurta y su posterior captura y traslado a Roma todo encadenado (de ahí nuestra imagen.

 

El final de Yugurta fue el final de todo enemigo del Imperio romano (a excepción de esa aldea de indestructibles galos, por supuesto): nuestro querido Yogur fue ejecutado en Roma, terminando todos los problemas de los que era causante.

 

Maravillas Palomino

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