W de Werther

(Hoy me voy a poner romántica, en el sentido estricto de la palabra. No me lo tengáis muy en cuenta)

 

3 de septiembre

Hay ocasiones en que no comprendo cómo puede amar a otro hombre, cómo se atreve a amar a otro hombre, cuando yo la amo con un amor tan perfecto, tan profundo, tan inmenso; cuando no conozco más que a ella, ni veo más que a ella, ni pienso más que en ella.

 


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Hoy os traigo a uno de los grandes del Romanticismo (ese movimiento literario que surgió allá por el siglo XVIII y que nos dejó a autores tan importantes como Bécquer o Lord Byron). Hablamos de Goethe, un autor alemán padre de obras tan imprescindibles de la literatura universal como puede ser Fausto, por ejemplo. O Werther, que es la que nos ocupa ahora. 

 

Werther es más que una novela. Es más que un conjunto de cartas que un hombre escribió para mostrar una historia de amor infeliz, que es como son la mayoría de las historias de amor verdaderas. En el mismo momento del punto final, en el instante en el que Johann Wolfgang decidió llevar su libro a una imprenta, cambió el curso de la Historia.

 

Os contaré Werther. Es una historia bastante corta, que narra las desventuras de Werther (el título completo de la novela es Las penas del joven Werther). El pobre muchacho (artista) llega a un pueblo campesino, donde conoce a una virtuosa (virtuosa en el mejor sentido de la palabra) mujer, Lotte, de la que se enamora perdidamente. El problema es que Lotte está prometida y, lo que es peor, a Werther le cae bien su prometido. Así que, pese la joven Lotte también siente algo hacia el artista, ambos deciden hacer lo correcto y mantener el compromiso con Albert. Werther, que se ha hecho íntimo amigo de ambos, no puede soportar tanto sufrimiento, se va del pueblo. Cuando se entera de que Lotte y Albert se han casado, sufre miserablemente y, tiempo después, decide ir a verlos. Vuelve a sufrir, viviendo en esa casa en la que ambos son felices. En un arranque de enfebrecido amor, Lotte y Werther se besan y ella, conmocionada por la infidelidad a su marido, se encierra en su habitación llorando. Werther se da cuenta entonces de una cosa: uno de ellos tres debe morir para acabar con el sufrimiento. Y como es tan buena gente, decide ser él el que se quite de en medio. Con las pistolas de Albert, que Lotte había empaquetado. Por si faltaba algún ingrediente para la tragedia.

 

Un vecino vio el fogonazo y oyó la detonación; pero como todo permaneció tranquilo, no se cuidó de averiguar lo ocurrido. A las seis de mañana del siguiente día entró el criado en la alcoba con una luz, y vio a su amo tendido en el suelo, bañado en su sangre y con una pistola al lado. Le llamó y no obtuvo respuesta. Quiso levantarle y observó que todavía respiraba. Corrió a avisar al médico y a Alberto. Cuando Carlota oyó llamar, un temblor convulsivo se apoderó de todo su cuerpo. Despertó a su marido y se levantaron. El criado, acongojado y sollozando, les dio la fatal noticia. Carlota cayó desmayada a los pies de sumarido.

 

Cuando el médico llegó al lado del infeliz Werther, le halló todavía en el suelo y en un estado deplorable. Latía el pulso aún; pero todos sus miembros estaban paralizados. Había entrado la bala por encima del ojo derecho, haciendo saltar los sesos. Le sangraron de un brazo, y corrió la sangre; todavía respiraba. Unas manchas de sangre que se veían en el respaldo de su silla indicaban que consumó el suicidio sentado delante de la mesa donde escribía y que en las convulsiones de la agonía había rodado al suelo. Se hallaba tendido boca arriba, cerca de la ventana, vestido y calzado, con frac azul y chaleco amarillo.

 


Así murió Werther. Y así nació el Romanticismo. Porque Werther encarna todo lo que los románticos amaban y abrazaban. Después de Werther, ya no amabas de verdad si no eras desgraciado en ese amor. Aquellos con el valor de suicidarse ante su desgracia eran apreciados por las mujeres. Toda una oleada de suicidios amorosos recorrió Europa, imitando el modo, la postura e incluso las ropas de Werther. Esos dos párrafos que tenemos más arriba eran todo un manual para el suicida enamorado. Modas absurdas las ha habido en todas las épocas, como bien véis. 

 

Maravillas Palomino

 

 

 

 

 

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