U de Utrecht

Me subo al carro de la actualidad política nacional e internacional (aunque os prometo que este artículo no es político en pro del espíritu que caracteriza a nuestra revista) para hablar de este papelito que tenéis a la derecha y que, a pesar de estar firmado hace más de 300 años, aún sigue dándonos quebraderos de cabeza. Se trata del Tratado de Utrecht, de 1712, por el que España perdió la dignidad junto con un montón de territorios, incluyendo Gibraltar, el objeto de tanta polémica estos días.


¿Me acompañáis por este pequeño paseo por la historia? (Prometo que será indoloro y entretenido. O eso espero).


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"A sus cuarenta años, Carlos II es un viejito sin herederos, que agoniza rodeado de confesores, exorcistas, cortesanos y embajadores que se disputan el trono".

 

(Mis disculpas, pero no creo que haya nadie mejor que García de Cortázar para expresar ciertas cosas, como el estado del pobre Carlos II antes de morir). 

 

De modo que allí estaba Carlos II, en su lecho de muerte, sin un hijo que heredase el trono de España. Le echó un vistazo al panorama internacional y tomó una decisión que marcaría la monarquía española hasta nuestros días: nombró sucesor del trono al nieto de Luis XIV, Felipe de Anjou, más que nada porque el país galo era la amenaza más inminente ante la caída del imperio español (no os lo he contado, pero Francia ya tenía tratados con Holanda, Reino Unido y Austria para repartirse España una vez Carlos II hubiera muerto).

 

¿Problema? Había dos: el primero, que era un rey impuesto. Y el segundo, que Inglaterra y Austria, las otras dos potencias europeas, no estan muy de acuerdo en que los borbones controlaran media Europa. Así que pese a que gracias a los sabios consejos de su abuelo había empezado muy bien su reinado (ya sabéis, pasó un poco del centralismo francés y respetó las tradiciones de los distintos reinos españoles), no hubo manera de evitar la confrontación. Luis XIV metía mano en los asuntos españoles y Austria e Inglaterra no estaban dispuestas a permitirlo, así que se buscaron un heredero y declararon la guerra a Luis XIV. 

 

¡Ya hemos llegado a la guerra! (la guerra es importante porque sin guerra no hay tratado de paz, y sin tratado de paz nos quedamos sin post hoy). Tenemos dos bandos: Francia del lado de Felipe V y Austria, Holanda e Inglaterra del bando de Carlos de Hamburgo. No vamos a complicarnos la vida en batallas: solo diré que el "team Carlos" conquistó muchos territorios, que se formó toda una guerra civil y que al final terminó por dos razones: 

                    1.- Francia era la superpotencia militar de por aquel entonces

                    2.- A Carlos de Hamburgo le ofrecieron un caramelo mucho más jugoso que la                                     rota España: el Sacro Imperio Romano.

 

Esto nos deja con una España ocupada por unos ingleses que se han quedado sin motivo para ocupar España. Así que toca negociar la paz. Y ahí fue donde salimos perdiendo, porque realmente no habíamos ganado, sino que nuestro rival se había retirado, y sabemos que esas victorias son las que saben a derrota. Dejaré hablar de nuevo a don Fernando (García de Cortázar):

 

"La Guerra de Sucesión fue el momento elegido para atacar y la oportunidad que permitió a Gran Bretaña, mediante el Tratado de Utrecht, ejercer su soberanía en ambas zonas [Gibraltar y Menorca, enclaves estratégicos] e iniciar una política de deshispanización, que en el caso de Menorca nunca llegó a completarse, ya que la isla volvería a España en 1783 de resultas de la guerra de Independencia de Estados Unidos. En cambio, el peñón de Gibraltar permanecería bajo bandera británica hasta la actualidad, manteniendo abierta la herida histórica, consecuencia de la ocupación de un trozo de tierra española por una potencia extranjera"

 

El Tratado de Utrecht no solo nos hizo perder Gibraltar y Menorca, como dice don Fernando. Perdimos también el monopolio de comercio con Latinoamérica, ganando Inglaterra el beneficio de enviar cada año un barco de quinientas toneladas para comercio y el monopolio del tráfico de esclavos. Ahí queda. Con Utrecht perdimos también nuestras colonias europeas (fue un tratado horrendo), Austria se quedó con Flandes, Milán y Cerdeña, y Saboya con lo que teníamos en Sicilia. De modo que Felipe V se quedó con un país, sí, pero con un país diezmado que apenas contaba con los territorios de la Península y (vale, lo mismo el apenas no pega mucho) con media Sudamérica. Pero lejos del vasto Imperio que había sido con Carlos V. (Luego Felipe V, ya que había conquistado el territorio, volvió al centralismo y tal. Pero eso es otra historia).

 

Y así, queridos lectores, fue como perdimos Gibraltar. 

 

Maravillas Palomino 

 

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