S de Ser (o no ser)

¡Esta me ha costado! Pero al fin vino a mi la musa encargada del Abecedario Cultural y puso en mi camino al príncipe Hamlet de Dinamarca y su locura. Y me da una excusa pequeñita para tocar levemente a Shakespeare, aunque a decir verdad va a ser eso, levemente: el gran genio del teatro inglés merece una entrada en condiciones. Así que de momento solo hablaremos de Hamlet. Que bastante tiene él con lo suyo.

 

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Todos conocéis la historia de Hamlet, directa o indirectamente: un príncipe danés, cuyo tío se hizo con el trono después de que su padre muriera en extrañas circunstacias, es feliz con su prometida, hasta que el fantasma de su fallecido padre se le aparece para desvelarle que fue asesinado por su propio hermano, y que ese hermano es ahora compañero de cama de su viuda (para entendernos, por si ha quedado muy lioso: el tío de Hamlet -que mató al padre de Hamlet- se acuesta con la madre de Hamlet). Ahora bien, esta revelación se lleva a cabo en una noche en la que Hamlet está un poco grogui, en la frontera del sueño, por lo que a la mañana siguiente Hamlet duda de la veracidad de tal revelación. Y así se pasa la obra, dudando (ser o no ser, esa es la cuestión). Si Hamlet no hubiera dudado tanto, probablemente todo habría acabado mejor. 

 

Pero esa es (permitidme que parafrasee) precisamente la cuestión: la duda. William Shakespeare (y aquí el apunte que voy a hacer sobre él), solía reflejar en cada una de sus obras un "defecto" del ser humano que habitualmente conducía a la muerte. En Hamlet es la duda, que empuja a la locura y a la eliminación de casi la totalidad de los personajes; en Otelo son los celos y en Romeo y Julieta el amor lujurioso y la venganza. Todo conduce inexorablemente a una muerte temprana e inmerecida. Porque Shakespeare jugaba mucho con la causalidad y la casualidad. Así, si Hamlet no hubiera dudado en su famoso monólogo (que, por cierto, no dice calavera en mano), habría matado a su tío, conquistado el trono que le pertenecía por derecho y sido feliz con su Ofelia. Y si en Romeo y Julieta la casualidad no se hubiera puesto en su contra (la carta que no llega), problemente la parejita feliz hubiera terminado sus días en algún lugar de Turquía. Por ejemplo. 

 

Pero volvamos a Hamlet. No quiero contar mucho más (aunque ya os haya contado casi el final), porque como toda obra literaria hay que disfrutarla para saber realmente como es. Así que os animo a hacerlo, eso sí, con una buena traducción en verso. Shakespeare en prosa no merece tanto la pena. Pero mientras que lo leéis o no, un dato interesante: El Rey León (sí, la película de Disney) está basada casi por entero en Hamlet. Obviamente con un final más feliz y compañeros dicharacheros pero, en esencia, es Hamlet. Y eso sí que os conmino a verlo: ver una película infantil con otros ojos, más críticos, más shakespearianos, para descubrir entre canción y canción los cimientos de esta obra maestra.

 

Maravillas Palomino

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Comentarios: 1
  • #1

    María José (miércoles, 07 agosto 2013 13:14)

    This is the question. O.K.

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