Sugar, Ed, Sex

El verano deja paso a agosto casi ya. En este último viernes de julio os traemos dos recomenaciones para los más exigentes. Calidad asegurada con las dos ofertas que os traemos esta semana. Olvida las piscinas y las playas, con este pack, ¿Quién quiere salir de casa?

 

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La película es... Ed Wood, de Tim Burton

 

 

Cuando supe de la existencia de esta película y conocí su argumento, tuve la certeza de que me sorprendería. Así fue. Y no podía ser de otro modo: casi cualquier film dirigido por Tim Burton al menos asegura eso, sorpresa.

 

La película está basada en la historia real del “peor cineasta de la historia”, Edward Wood Jr. El cineasta, que se convirtió años después en un director de culto, es responsable directo de filmes como “Glen o Glenda” o “Plan 9 del Espacio exterior”. Un director descuidado, nada detallista y bruto que ofreció al cosmos una cantidad extrema de “basura” en forma de rollos de película.

 

Narrar de manera fiel la vida de este personaje en continua decadencia es el objetivo que trata de lograr, con sobresaliente resultado, el film de Burton. Y es que la vida de Wood es fascinante: Siente un placer máximo vistiendo con ropa de mujer, vive soñando con coronar Hollywood y hacer grandes películas pero, en realidad, es un iluso incapaz de hilar guiones lógicos y narrar grandes historias.

 

Si hay algo que engrandece el film es la fórmula en la que está narrado: Burton utiliza planos largos, decorados falsos y cutres y una actuación mediocre en algunos momentos. Un guiño evidente al cine de Wood.

 

En el fondo, es una historia de amistad sin final feliz, y eso es lo que más valor le da al film. Se aleja de la concepción americana del cine: Es una película dura, lenta en el desarrollo y en la que es más importante la vida interior de los personajes que los diálogos.

 

 

 

 

 

Y el disco es…Blood, Sugar, Sex, Magic de Red Hot Chilly Peppers

 

Los años ’90 trajeron a la música rock nuevos aires. No por ello, esta década está considerada como la de la consolidación de “las mezclas”. Rock más funk, más rap, heavy metal más música clásica, y un largo etcétera de bandas que mezclaban dos o más tipos para crear algo único nacieron en esta década. ¿Por qué? Ya estaba todo inventado, había que hacer algo diferente para no sonar como lo ya visto. Y esa idea, ser diferentes, fue la que siguieron el grupo californiano The Red Hot Chilli Peppers.

 

Este grupo comenzó a ser conocido a finales de los ’80 por su explosiva combinación de funk, rock y punk, y por sus conciertos, explosivos, en los que la banda destacaba por salir en calzoncillos (a veces ni con ellos) a tocar. Pero en esa época no pasaban de ser una banda de segunda fila, buena, pero segundona. La muerte de su guitarrista Hillel Slovak por una sobredosis de heroína fue el detonante de profundos cambios en los componentes de la banda; Anthony Kiedis como cantante, John Frusciante como guitarrista, Flea al bajo y Chad Smith en la batería fueron el resultado de esta muerte y de la grabación de Blood Sugar Sex Magic.

 

Aun con la muerte de Slovak la banda no dejó de consumir. Pero esto, en vez de deteriorar su calidad musical, fue lo que les ayudó a componer el disco que recomendamos, un ejercicio de cómo se debe hacer buen Funk-Rock. Con canciones como la archiconocidísima Give It Away, Under The Bridge o Breaking The Girl, estamos ante el momento cumbre de una banda que, aunque ha seguido teniendo mucho éxito, ha ido diluyendo su calidad buscando vender más en vez de componer mejor. Sus últimos discos nos muestran una banda más madura compositivamente, pero que ha perdido algo que los hacía únicos, su capacidad para divertir.

 

 

Daniel J. Rodriguez/@DanielJRguez

Carlos J. Rosique/@XarlyRosique

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