O de Orson (Welles)

Hoy os traigo la requetemanida y contada historia de Orson Welles y su troleo extremo con la retrasmisión radiofónica de La Guerra de los mundos de H. G. Wells. Voy a confesaros algo (y no es que me haga mucha ilusión): nunca he podido leer ese libro. Ni ver la película. El convencimiento extremo que tengo de que será una mala adaptación me impide acercarme a ese Tom Cruise alias padre coraje que lucha contra los aliens (reconozco que no me he interesado por otras adaptaciones). Y a su vez, Wells nunca ha conseguido atraparme lo suficiente como para robarle el libro a mi abuelo (vale, nadie toca esos libros, pero supone sustraerlos de su hábitat natural) y terminarlo tranquilamente en mi casa. De modo que todo lo que he sabido siempre sobre este tema ha sido muy superficial y de oídas. Hasta hace muy poquito.

 

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Os hago un brevísimo resumen del argumento (destaco argumento, no os voy a contar el final, voy a ser buena): los alienígenas han invadido Marte, y todo el mundo está pendiente hasta que empiezan a llegar células extraterrestres de donde se bajan los aliens dispuestos a masacrar a los seres humanos y quedarse con nuestra maravillosa tierra. A partir de ahí, se establece una mini guerra mundial (mundial de verdad, de las que molan, del mundo entero contra los malditos marcianos que nos quieren invadir) y la habitual (habitual para nosotros, porque para la época era inédito) lucha por la supervivencia, por mantener viva a la esposa...

 

Wells fue todo un maestro de la ciencia ficción (y esta vez si hablo con conocimiento de causa, estoy enamoradísima de La máquina del tiempo), pero Welles lo llevó a otro nivel. Siempre he creído que simplemente habían leído una dramatización de La guerra de los mundos, pero no. Nuestro querido amigo Orson, aquí donde lo véis (bueno, lo véis arriba, con cara de niño bueno) no se le ocurrió otra cosa que adaptar un libro y retransmitirlo como si de un noticiario radiofónico se tratara. Y claro, imaginaos la hecatombe. Porque sí, el cara-de-pan de Orson anunció dos veces (una al principio y otra a mitad) de que todo era ficción y que se trataba de la adaptación de una obra literaria. Pero os pregunto: ¿alguno de vosotros ha cogido alguna vez un programa de radio desde el principio? Porque yo, si lo he hecho, ha sido de mucha casualidad. Y que queréis que os diga, si yo me engancho cinco minutos después del inicio, y escucho acerca de una invasión alienígena, no me espero veinte minutos para llegar a la mitad del programa para que me vuelvan a avisar de que es ficción. ¡Antes me cojo el coche y me voy al desierto de Arizona! Que es, por otra parte, lo que muchos pensaron e hicieron. Lo que os digo, una hecatombe.

En fin. También hay que comprenderlo. Hablamos de algo que pasó en 1938, con el nazismo en pleno apogeo, el mundo entero pendiente del preámbulo que fue la guerra civil española, casi una histeria colectiva, anticipación mundial por esa catástrofe intuida y que sobrepasó todas las expectativas. Y, además, una confianza extrema (que no sé si se daría hoy) en los medios de comunicaciones (veáse la radio) jugó su papel estelar en este caso. 

 

Os dejo, de regalo, este video donde se recoge la grabación original de la adaptación de La guerra de las mundos

 

 

¿Que me decís? ¿No os parece una anécdota estupenda?

 

 

Maravillas Palomino Dólera

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Comentarios: 1
  • #1

    Laura (miércoles, 10 julio 2013 10:46)

    Me ha gustado el artículo. Leí hace un par de años un artículo sobre cómo fue aquella emisión radiofónica. Welles era un genio de las comunicaciones. Si no recuerdo mal, anunció tres veces que se trataba de una adaptación de un libro. La primera vez, como habéis dicho, nada más empezar un programa, pero hizo que coincidiera con los últimos minutos de la emisión de un popular programa que emitían en otra emisora, de modo que todos estaban escuchando ese programa y cuando cambiaron de emisora, se encontraron con el programa de Welles ya empezado.

    La segunda vez fue durante una pausa publicitaria, cuando la mitad de los radioyentes estaban tratando de localizar por teléfono a sus familiares para asegurarse de que estaban bien y la otra mitad movían inquietos el dial de radio ávidos de noticias en otras emisoras sobre "lo que estaba ocurriendo".

    La tercera vez, cuando terminó el programa, fingieron un ataque a la cadena, un minuto de silencio y entonces, la advertencia, cuando todos ya habían salido despavoridos de sus casas por miedo a que les ocurriera lo mismo.

    Como he dicho, era un genio de la comunicación y sabía cómo manejar al público. Recibió varias demandas de gente que había sufrido ataques de histeria (incluso alguno tuvo algún ataque al corazón), pero... él había avisado tres veces.

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