“Entonces, caiga César”

 

Una danza de sillas enlutadas estructura el desarrollo escénico de la propuesta que el director Paco Azorín presentó sobre la obra Julio César de Shakespeare. En un escenario sencillo, sobrio, dispuesto sobre las tablas del Teatro Circo de Murcia Mario Gas, Sergio Peris-Mencheta, Tristán Ulloa, José Luís Alcobendas, Agus Ruíz, Pau Cólera, Carlos Martos y Pedro Chamizo interpretaron los papeles que el genio del drama escribió allá por 1600.

 

(Sigue Leyendo)

 

Azorín ha rescatado el clásico de una manera fiel y a la vez actualizada: La elegancia estética del decorado, compuesta por una veintena de sillas negras situadas milimétricamente en dos filas y un monolito de gran tamaño, y la simbiosis de un vestuario entre lo actual y lo clásico dotan a la obra de un carácter temporal cercano al presente. Todo es belleza en la interpretación. Los textos, expresados con la fuerza y la garra que precisan, viajaron por todo el auditorio exaltando las conciencias. Y es que Julio César es una obra que no deja indiferente a nadie: ¿Hasta dónde llegaría un hombre por su pueblo? ¿Asesinaría a aquel al que tanto ama?

 

Una obra, contada entre las mejores de Shakespeare, que no narra únicamente la muerte de uno de los más grandes gobernadores de Roma, sino que trasciende más allá. Centrado en la figura de Bruto, el dramaturgo reflexiona sobre la traición, el honor, la gloria y el servicio para y por el pueblo.

 

El montaje que ofrece el director yeclano contiene al menos dos peculiaridades: En primer lugar, Azorín introduce una proyección durante el desarrollo de la obra. En la pantalla se van presentando los actos, así como los rostros de los intérpretes que, con sus gestos, evocan sentimientos y sensaciones que sumergen de lleno al espectador en la obra. El vídeo queda completamente integrado en el desarrollo del espectáculo, no sobra, es elegante.

 

El segundo gran rasgo que dota a la obra de personalidad es el baile escénico de las sillas que conforman casi la totalidad del decorado: Estas, en un principio completamente ordenadas, van en busca de un progresivo caos conforme crece la lucha moral en el interior de los protagonistas. La crueldad de los actos de Bruto y sus secuaces se traduce en una guerra ritual en la que los muebles vuelan literalmente por el escenario.

 

Por último destacar la interpretación de José Luís Alcobendas en el papel de Casio. El actor logró transmitir(me) todo el odio y la amarga pena con la que imagino al personaje.

 

Buscando la sencillez y centrando el protagonismo en el texto y las interpretaciones, Azorín ha logrado su propósito: Crear un montaje de exquisita belleza. Bravo.

 

Daniel J. Rodríguez

Escribir comentario

Comentarios: 0

Visualiza el número aquí

¡Descarga aquí nuestro noveno número!
¡Descarga aquí nuestro noveno número!