A de Amén (o cualquier palabra que nos sirva de excusa para hablar de la Semana Santa)

En efecto, cafeteros y cafeteras. Por si alguno vive en un mundo feliz sin televisión, trabajo ni internet (lo cual nos vendría muy mal a nosotros), he de comunicaros que hoy es Miércoles Santo.Y ya que no faltamos a la entrada navideña, tampoco podemos decepcionar a la Semana Santa. De modo que aquí tenéis un pequeño compedio semanasantero (creo que me lo acabo de inventar, no lo busqueis en el diccionario por si acaso) para alimentar la mente. Y pasar el rato en vacaciones, que también está bien. 

 

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Estamos hartos de oír acerca de la Semana Santa, de los santos que no pueden salir en procesión por la lluvia o de los eternos ensayos de los tambores que salen con ellos (en mi barrio dejaron de hacerlo hará tres o cuatro años, menos mal). Pero bueno, procesiones ha habido siempre, y no solo con motivo religioso (podríamos considerara perfectamente procesiones a las marchas militares de la Antigua Roma, por ejemplo), y realmente es admirable la pasión que algunas despiertan entre sus fieles. Sin embargo no quiero hablar de ellas (nos hartaremos más todavía de lluvias, santos y pasos televisados en lo que queda de semana), sino de lo que las rodea. Empezando por el carnaval.

 

 

El carnaval es una fiesta (seguro que nadie ha oído hablar del carnaval) con unos más que probables orígenes paganos, en concreto el culto a veneradísimo dios Baco, llamado dios del vino (pero que seguramente, si hoy en día continuaramos con el culto al panteón latino, sería el señor dios del botellón). Con la instauración del cristianismo y la consecuente absorción y adaptación de festividades paganas a la tradición católica, el carnaval se instituyó como, digamoslo así, la época de desquite antes del Miércoles de Ceniza y la Cuaresma, que es tiempo de redención y moderación. A mí me recuerda al Manifiesto de los persas. Hagamos las locuras que después no podremos hacer y arrepintámonos después. Porque ciertas fiestas de carnaval degeneraban y mucho. Y lo siguen haciendo, pero no nos escandaliza tanto. 

 

Otra cosa que rodea la Semana Santa son los aprovechados que la usan de excusa sin celebrarla. Y no, no me refiero a cualquiera de los internautas españoles que son felices con sus vacaciones de Semana Santa y no se acercan a ver ni los restos de los caramelos del Domingo de Resurrección. Me refiero a los franceses y a los estadounidenses que han preferido pasar de religiosidades y celebrar las "vacaciones de primavera" (y las "vacaciones de invierno" también, pero eso es otra historia). Aunque hemos de reconocer que son unos genios. Porque al adaptarlas fuera de la religión, han creado una verdadera figura de culto, alguien por el que merece la pena tener esas vacaciones: el conejo de Pascua. 

 

El conejo de Pascua es una interesante criatura conejil cuya misión es llevar cestas de huevos de chocolate a los niños el Domingo de Pascua. Aunque la tradición lo ha asociado a la resurrección de Cristo (en teoría los huevos de colorines son para comunicar a todos los niños tristes de que Jesús no está muerto, porque los conejos no pueden hablar y es su única forma de comunicarse), su origen es pagano, mucho anterior al cristianismo y ahora mismo está bastante despegado de la tradición religiosa de muchos países. En España lo hemos importado de Estados Unidos, pese a que aquí tenemos una tradición muy arraigada de celebración de la Semana Santa, y nunca he oído hablar de que se celebre nada con los huevos de Pascua. Se me antoja más una diversión infantil y una excusa para comer chocolate

 

Hablando de cosas de Pascua (y ya termino, no quiero marear con tanta letra), no puedo dejar de mencionar nuestra mona de Pascua. Como sabréis, la tradición manda ir a comer toda la familia (o grupo de amigos en las versiones modernas de la tradición) al campo, donde se degusta la mona de Pascua, ya sea con chocolate, para lo más golosos, o con un huevo cocido que se le pone encima (no es un huevo de Pascua porque no es de chocolate, recordemos eso. El chocolate es importante). En muchos sitios (o muchas casas) las monas se comen todos los días de año, o cuando a uno le apetecen, pero hay ciertos sitios (como Cataluña o Baleares), en los que sólo se come el día de Pascua, una suerte de Roscón de Reyes semanasantero (me ha gustado la palabra).

 

Y hasta aquí el minihomenaje a la Semana Santa y la primera entrega de la segunda vuelta del Abecedario cultural. La semana que viene más y mejor. 

Maravillas Palomino

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