V de Vanessa

¿Demasiados nombres propios últimamente? Lo sé, y ojalá puedan cambiar las tornas en breve, pero no es culpa mía el que den tanto juego. El de hoy es especial. O por lo menos a mí me gusta mucho. No tanto por el nombre (que, reconozcamoslo, suena más al submundo cani -Lavane, todo junto- que al mundillo literario), sino por su historia. La historia del nacimiento de un nombre y su triunfo, y la historia de un escritor.

 

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Esther Vanhomright
Esther Vanhomright

El nombre de Vanessa fue creado por el autor Jonathan Swift como pseudónimo para su pupila Esther Vanhomright cuando le escribía cartas (a saber para que quería escribirle cartas con pseudónimo a su pupila) y a quien hizo protagonista del poema Cadenus and Vanessa. Lamentablemente no he podido encontrar el poema traducido, pero si se os da bien el inglés podéis leer el original aquí. Dado el verso Volvería a nacer con una pasión violenta, que terminaría en una inexpresable pasión que siento hacia ti, me atrevo a decir que aquella sospecha era acertada y Swift tenía ciertos pensamientos impuros relativos hacia su alumna. 

 

No hubo Vanessas antes que ella. Swift creó un nombre sólo para su amada, juntando la primera sílaba de su apellido con su apodo, Essa (Essa era el disminutivo para Esther). Y ese pequeño acto, la búsqueda de un pseúdonimo para un poema, se convirtió en el mejor regalo. Porque, y perdonadme que a estas alturas de la vida me meta con el romanticismo, que te regalen un nombre, y que éste se haga popular hasta el punto de perdurar hasta nuestros días se me antoja la quintaesencia de los regalos de San Valentín.

 

Pero bueno, hablemos un poco del señor Swift, de nombre Jonathan, autor del libro de viajes más famoso (con permiso de la Odisea) de todos los tiempos. En efecto, Los viajes de Gulliver, que narra las peripecias de un naufrago que pasa por mundos fantásticos y de nombres estrafalarios(me acuerdo de una amiga que vino a mí escandalizada diciendo que en el libro salía un lugar llamado Laputa, y que no era más que la isla ambulante pronunciada /lapuntu/ si no recuerdo mal). 

 

Jonathan Swift
Jonathan Swift

Los viajes de Gulliver no es una obra infantil como pudiera parecer (y aquí hablo de oídas, porque nunca me he atrevido a meterme con ese libro, le tengo un respeto irracional), sino una sátira de la sociedad de la época. No es extraño, y Swift no fue el primero en hacerlo: en cada uno de esos países mágicos a los que Gulliver viajaba se encontraba con una población distinta, que ejemplificaba uno de los defectos de la humanidad (supongo).

 

Gulliver no es la única obra del autor irlandés (iba a decir británico, pero los irlandeses llevan a mucha honra su tierra), pero es sin duda la más importante y la más relevante. Otras de sus obras son La batalla de los libros (solo el título tiene una pinta genial), Historia de una barrica (esta no tanto) o Una modesta proposición, que por lo que he leído tiene mucho de político y poco de literario. No son obras importantes, por lo menos yo no las he oído como imprescindibles en la época, y tampoco es que las haya leído para recomendarlas. Pero me parece importante que Swift no quede como el pobre señor Doyle, de quien sólo se recuerda a mi querido Sherlock. Los autores tienen más de un hijo literario, normalmente.

 

No creo que pueda decir nada más sobre el señor Swift que no podáis encontrar en Wikipedia o en esa asombrosa y encantadora web que es biografíasyvidas.com. Tampoco ha trascendido mucho más sobre la señorita Vanhomright. Pero pocas veces la historia nos ha dado casos como este. Lesbia no triunfó, por ejemplo. Y sin embargo Vanessa sigue estando a la orden del día por todo el ancho mundo. Así que, para ella, esta entrada.

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Comentarios: 1
  • #1

    Gabvr (viernes, 08 abril 2016 06:21)

    Me parece un gran conocimiento interesante.

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