T de Timmy

¿Y quién es Timmy?, os preguntaréis. ¡Hay tantos Timmys en el mundo! Pero mi Timmy es especial, el mejor Timmy que os podáis imaginar, porque Timmy (Timothy en realidad) es ese perro pulgoso, extremadamente inteligente y tan odiado por el tío Quentin al principio, fiel amigo de la pequeña George. 

 

¿Sabéis ya de quién os hablo? ¿O tenéis a la pobre señora Blyton revolviéndose en su tumba?

 

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Soy de esas personas que ha crecido, primero con Los cinco, y más tarde con el resto de aventuras que Enid Blyton escribió. Aún sigo leyendolas, algunas otra vez, otras por primera, y me siguen encantando. Así que, aunque sé que me estoy chafando a mi misma la B en la segunda vuelta del Abecedario, la entrada de hoy la quiero dedicar a la gran señora Blyton.

 

Este verano estuve en Inglaterra, en un pueblo marítimo que se llama Poole. Y cuando entré al museo de la ciudad (porque yo soy de ver museos), me enteré de que la isla que había frente al puerto no era otra que la isla Kirrin de Los Cinco. Y que el castillo de la isla estaba apenas a 10 kilómetros de allí. Imaginad el tiempo que me pude pasar sentada en un banco mirando esa isla, donde mis chicos favoritos habían corrido sus aventuras. Estaba todo allí: las rocas que tenían que sortear para llegar a ella, los acántilados, las playas. Incluso había, en una playa junto al puerto, un bote color rojo abandonado que en mi imaginción pronto se tornó en el bote de George. Así que ya véis, teletransporte a la infancia. Y homenaje en Café de Letras. Así que aquí os dejo una relación (no de todos, como siempre, sino los que yo conozco y más me gustan) de los relatos y las novelas de esta autora:

 

Los cinco

A estas alturas estáis hartos de que los mencione, pero son ineludibles. Esta serie de más de 20 libros cuenta las aventuras de tres hermanos (Julián, Dick y Ana), su prima George (bueno, Georgina, pero como le gustaba parecerse a un chico y todos la llamaban así no vamos a cambiar ahora las tornas) y el perro de esta, Timmy. Las aventuras sucedían en las vacaciones escolares, que era cuando tenían ocasión de juntarse (recordemos que por la época las niñas y los niños iban a escuelas separadas), y consistían en los más variados temas: desde buscar tesoros hasta atrapar criminales, todo esto, por supuesto, sin la ayuda de ningún adulto. Cuantas veces no habré soñado yo con tener una isla como George y poder irme a pasar dos semanas en una caravana con mis primos menores de edad. Visto desde la madurez es un poco absurdo, pero de niña sonaba genial.

Santa Clara

 

Esta la tengo muy reciente, la leí apenas hace año y medio. Es una serie de cinco libros que tratan sobre las tribulaciones de dos niñas que son trasladadas de colegio. Y lo que pasa, al principio no encajan, pero en seguida se hacen las más populares. No está nada mal, y no me decepcionó, por supuesto sabiendo que no me estaba leyendo un libro de Martin. Sin embargo, tanto esta como la saga Mallory (que no he leído, pero sé que es del mismo estilo) tienen un valor añadido para cualquier amante de la fantasía actual: son la base más elemental de la saga Harry Potter. El internado como género literario. Lo tenemos todo: el joven inadaptado que va adquiriendo popularidad, los exámenes, el profe bueno, el profe malo, el deporte en el que destacan (si no recuerdo mal las chicas O'Sullivan juegan al lacrosse y al tenis), fiestas en la sala común y los dos compañeros bromistas. No hay comparación desde luego, y si me preguntáis Harry Potter es mucho mejor que Santa Clara, en cuanto a evolución de los personajes, argumento y valores. Santa Clara está un poco pasado de moda, a decir verdad. Pero eso no le quita mérito, y vuelvo a decir que, aunque no haya dragones, me gustó mucho.

Los siete secretos

Son en realidad como los cinco, pero en siete (viva la obviedad!). Son un grupo de siete niños detectives acompañados por un perro, que resuelven misterios y, si no recuerdo mal, ayudaban a la policía. No es la serie de la que más recuerdo, aunque sí que la leí con avidez. Sin embargo, debo reconocer que la saga de Fatty está mucho mejor.

Saga Misterio (alias "la saga de Fatty")

Es posible que quien sepa un poco de inglés se extrañe ante el nombre de este personaje y os garantizo que es lo que estais pensando. Fatty es un muchacho gordo, para que negarlo, que tiene la desgracia de llamarse Frederick Algernon Trotteville, cuyas siglas son FAT, gordo en inglés, razón por la que le llaman cariñosamente Fatty. De nuevo tenemos la temática detectivesca, esta vez con cinco niños (Fatty y las dos parejas de hermanos Larry y Daisy y Pip y Betsy) acompañados por un perro, Buster (algún día tendré un perro llamado Buster). Estos chicos no vivían aventuras, como los cinco. Se dedicaban en cuerpo y alma a la resolución de crímenes, para desgracia del señor Goon, el policía local, que siempre llegaba tarde. En realidad, era Fatty quien lo guisaba y quien se lo comía todo, junto con alguna genialidad de Daisy y la ayuda de Buster, pero bueno. Eran un equipo y como Fatty era tan buena persona, además de inteligente, ingenioso y conocedor de todo lo habido y por haber (yo siempre he querido parecerme a Fatty), repartía el mérito con los demás, como debe ser.

Sin embargo la señora Blyton no ha escrito solo sobre niños con perro resolviendo crímenes en sus ratos libres y niñas haciendo exámenes en internados. Donde realmente se vuelve prolífica la inventiva de esta autora es con la fantasía. De su mente han salido Noddy y el País de los juguetes, por ejemplo, y mil historias más que hablan de brujas, gigantes, hadas, duendes y países mágicos: el país de la Alegría, el del Chocolate, el de las Chuches, el país de Nosesabedonde... No hay realmente por donde cogerlo, así que me voy a limitar a señalar dos libros, ambos del mismo estilo, con casi el mismo argumento, pero que me encantan:

 

La silla de los deseos

Las múltiples aventuras de la silla de los deseos comienzan cuando dos hermanos (Molly y Peter) entran en una tienda mágica sin querer, y ante el cúmulo de cosas extrañas que ven no pueden hacer más que sentarse en una silla a esperar a que pase lo raro. La niña le susurra a su hermano: "¡ojalá pudieramos irnos de aquí!" y a la silla en la que están sentados le salen alas y los lleva fuera de la tienda. En su primera aventura en solitario, rescatan a un duende llamado Chinky, que se queda a vivir con ellos. Y una vez a la semana o cada quince días (según vaya la magia) a la silla le vuelven a salir alas y los tres se suben para visitar cualquier lugar del mundo mágico. Ya os digo, cualquier lugar que podáis imaginar... ¡dicho y hecho! La silla os lleva. Por favor, que este estilo simplista no os lleve a engaño. Es una historia para niños, pero es muy bonita. Y a mi me encanta. De cuando en cuando sigo cogiendo el libro y  leo un capítulo, para recordar viejos tiempos.

El árbol lejano

Esta saga (son, como la anterior, tres libros de relatos cortos) narra la historia de tres hermanos que se mudan a una casa al lado de un bosque. Están tristes por haber dejado su antiguo hogar, hasta que descubren que en medio del bosque hay un árbol enorme, tan alto que llega a las nubes, en el que viven multitud de criaturas mágicas y en cuyo interior hay un super tobogán para bajar de la copa a las raices en un siantiamén (mi mente infantil registró eso y es lo que más recuerdo, además tengo una imagen muy vívida de uno de los duendecillos deslizándose). Lo guay de este árbol (el Árbol Lejano) es que cada día hay en su copa un país diferentes, que los niños pueden visitar. Eso sí, tienen que salir antes de que se vaya, porque si no se quedan allí hasta que al país en cuestión le vuelva a tocar en la rotación de la copa del Árbol Lejano. Como véis, la estructura es similar a la de la Silla de los Deseos, con la excepción de que aquí es el país el que viene a los niños, mientras que en la anterior son los niños los que tienen que ir al país. Además, en la Silla de los Deseos solo estaban delimitados por el tiempo que le durasen las alas a la sillita.

Como ya he dicho, son libros infantiles, juveniles en todo caso, y me hicieron muy feliz; me siguen sacando una sonrisa cada vez que pienso en ellos, llevo sonriendo todo el rato que me ha llevado escribir este post. Por eso jamás dejaré de recomendarselo jamás a mis niños (mi hermana, mis primos, y mis hijos, si los tengo), no podría dejar que vivieran sin conocerlos.

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