I de Inspiración (tolkiana)

Uno de los universos ficticios más completos, fascinantes y reputados del mundo literario (y por extensión del cine) es el creado por John Ronald Reuel Tolkien (¿no os parece alucinante que sea tan famoso y que sus tres nombres sean prácticamente desconocidos? Como George R. R. Martin, ¿qué son las dos R?). Supongo que todos conocemos, en mayor o menor medida, partes de este universo: elfos, enanos, hobbits, árboles parlantes y andantes, orcos, anillos únicos (bueno, vale, UN anillo único, si no no sería único), un idioma entero... Todo un ejemplo de imaginación y creatividad. Pero este genio de la fantasía también tuvo sus peculiares musas, que le sirvieron de inspiración para una de las mejores sagas de fantasía épica de la literatura (y, de nuevo, del cine).
Una de las principales influencias de Tolkien es la religión cristiana. Como su amigo C. S. Lewis (autor de la heptalogía La Crónicas de Narnia), Tolkien encontró en el cristianismo una gran variedad de temas que incluyó en sus obras, como la lucha entre el bien y el mal, le victoria de la humildad ante el orgullo, la lucha contra la tentación (del poder)... Aunque, al contrario que Lewis (cuyas referencias religiosas son obvias y bien visibles), Tolkien camufló estos elementos de tal modo que no resaltaran en la historia, más allá del simbolismo.
Pero no sólo la mitología bíblica inspiró a Tolkien, sino que también la nórdica y la finesa tuvieron gran influencia en la obra tolkiana. El autor inglés se basó en la mitología nórdica para crear a sus enanos (usando en ocasiones nombres extraídos de ésta) y al mago Gandalf, que nos recuerda a una personificación del dios Odín con elementos del mago Vainämöinen, de la mitología finesa. Ésta tendría gran parte de la culpa del argumento del Señor de los Anillos (el gran poder que he disputado por el bien y el mal y que finalmente es destruido). Aunque no nos falta irnos tan lejos en el tiempo y en el espacio. El mismísimo William Shakespeare inspiró la creación de los Ents con su Macbeth.
Y, bueno, mención aparte la creación de lenguas. No sé el número exacto de lenguas completas que Tolkien inventó, pero me parece un logro muy loable. Y tranquilizador me parece el hecho de que no fueran completamente inventadas, sino que se inspirara en otros idiomas existentes. Por ejemplo, los idiomas élficos quenya y sindarin están inspiradas en el finés y en el galés respectivamente. Y la lengua de Rohan, el rohírrico, está inspirado en el anglosajón.
Por supuesto, cuentos, leyendas, lugares en los que estuvo de niño... Para un escritor todo es fuente de inspiración y susceptible de aparecer en sus obras, pero sin toda la literatura y la investigación previa el universo Tolkien jamás habría salido de aquel pub de Oxford en el que se fraguaron las mejores sagas fantásticas del siglo XX.

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