G de Gato

No os voy a mentir: iba a enfocar esta entrada en el gato de Chessire de Alicia en el País de la Maravillas y llenarlo todo de fotos y alabanzas para el gato con la sonrisa más enigmática de toda la literatura. Y no descarto hacerlo, quizás en la segunda vuelta al abecedario, o cuando se tercie. También admito sobornos del Reverendo Dogson para acelerar el proceso y darle un poco de publicidad. Pero hoy, pensando sobre gatos, he pensado que sería mejor dedicarle la entrada al único gato que ha ostentado su especie con honor y gloria. Así que, con todos ustedes, Gato.
Hablo, por supuesto, del gato de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes, una película que muchos pueden tachar de sobrevalorada pero que, para un alma romántica como es la mía, no es más que un ejemplo del triunfo del amor (perdonadme esta cursilada, a decir verdad estoy altamente influenciada por las tres comedias románticas que he visto hoy). Y es que es precisamente ese Gato, ese pequeño animal sin nombre que tiene el dudoso honor de compartir casa con Holly, quien resulta una válvula de escape para los sentimientos de la joven y la permiten salir de su superficial vida y hace que se entregue a sus sentimientos, dejando atrás su coraza. Así que, al grito de ¡Gato, gato!, Holly abandona sus sueños imposibles, abrazando una vida con el hombre al que ama en una ciudad que adora (me acabo de percatar que no podía dejar de lado Nueva York, aunque se le podría dedicar un blog entero).
De modo que espero que comprendais que cuando, al pensar en la palabra gato, sólo haya podido imaginar el grito de Audrey Hepburn y el final de ese clásico. Más incluso que en el pobre Chessire. 

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