B de Bécquer

Llevaba un tiempo pensando título y tema para la entrada de la B (el de la C lo tengo más que claro), pero no llegaba: Batiburrillo, Botón, Baloncesto, Bebida... Y de repente se me ocurrió, entre olas de culpabilidad por no haberlo recordado antes. ¿Porque qué mejor tema que la poesía y qué mejor título que Bécquer?
He de reconocer que Gustavo Adolfo Bécquer es mi poeta favorito. Puedo pasarme tardes enteras leyendo y releyendo su poesía romántica (de amor y de pertenencia al romanticismo), esa poesía tan clara, sincera y apasionada. Con sus rimas puedes recorrer todas las etapas del amor, etapas plenamente reconocibles por todos. Desde un amor apasionado y puramente adolescente, en el que el simple contacto visual es suficiente para crear una explosión de felicidad (Rima L), hasta el más desgarrador desamor de aquel que lo ha vivido todo y no le queda ya esperanza de amar (Rima LIX). Así que espero comprendáis que dedique en un principio esta entrada a él.
Por supuesto, hay multitud de poetas que merecen nuestra mención, ya sea por la calidad de sus poesías, por lo desgarrador o por lo irónico. Pablo Neruda es un magnífico ejemplo de poeta de calidad y a su vez extremadamente pasional. Creo que es el único que he leído que ha escrito una poesía explícitamente erótica sin que se note un ápice hasta que te paras a pensar en lo qué estás leyendo y analizas uno a uno los versos y las metáforas. Él es el único capaz de proponer sexo de una manera romántica, poética y, a la misma vez, burdamente visual (¿qué me decís del "quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos"?) o de decirle a una mujer que está un poquito harto de ella ("Me gustas cuando callas porque estás como ausente").
No quiero hacer una entrada demasiado larga. No es cuestión de teorizar sobre poetas de ayer y de hoy, y no me gustaría aburrir a mis potenciales lectores con una monografía exclusivamente sobre los autores que a mí me gustan. Así que voy a terminar con dos apuntes: el primero, Blas de Otero, como poeta desgarrador. Nunca sabréis lo que me impactó su soneto Hombre. El verso "esto es ser hombre: horror a manos a llenas" aún me produce escalofríos.
El segundo apunte que quería hacer (este de poesía moderna, lo más de lo más, causó furor y todo) es Luis Alberto de Cuenca, un hombre al que tuve el honor de conocer en persona, y os puedo garantizar que si podéis tener la experiencia de ir a una conferencia suya, no os arrepentireis. Ese hombre enamora con la palabra. Y, bueno, más allá de lo correctísimo que es hablando, de lo culto y del placer que conlleva estar en su compañía, es un poeta de lo más ácido. Sus poesías pasan de superficiales a profundas, hablan de lo cotidiano y de sueños de grandeza, de la añoranza por amigos que se van y del amor tras dos divorcios. Baste decir que se lo recomiendo a todo el mundo, le guste o no la poesía. Este filólogo clásico logrará, al menos, sacarte una sonrisa. Y supongo que ahora es cuando mis potenciales lectores se preguntarán (en mi futuro y su presente, siempre me ha encantado esta paradoja) por qué causó furor, qué hizo para que yo haya usado esa expresión para referirme a un hombre del que no habían oído hablar nunca, o al menos en términos tan absolutos. Bueno, no es su mejor obra, pero sin duda la más conocida. Este es el poema que causó furor en toda una generación, salpicando a las siguientes:

 

Y sin más, me despido. Espero que no salte nadie diciendo que no conoce esta canción :). 

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